y cae sobre nosotros la madrugada,
nos tapamos bajo las estrellas,
con la Luna como almohada.
Pese a tenerte a mi lado,
sé que ya nada es lo mismo,
que no vuelan mariposas en tu estómago,
que me acompañas tan sólo por no dejarme solo.
Te abrazo, sin decir nada,
clavas en mí tu triste mirada
y te me alejas, acallada,
al otro lado de la cama.
Quizá a mí me sobren los sueños,
pero sé que tú ya no tienes ganas de soñar.
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