A mis lados, un vacío perfecto,
conmigo, un sentimiento incierto,
y contigo... ¿Qué hay contigo?
Bajo mis pies el viento ulula,
y yo, sin más armas que mi cordura,
ando triste por las alturas.
No será como siempre,
esta vez caeré a mi destino,
que nunca fue distinto de la muerte.
Las lágrimas de mi pecho afloran,
ninguna en mis ojos, como las hubo otrora.
Es el camino que he decidido,
es el sentido de mi cordura,
nada más sabio que acortar toda esta amargura.
Un paso más y caeré,
no hay sorpresas,
la muerte acecha.
A medio paso me acuerdo de ti,
dolor intenso, cada vez que te pienso.
De repente estás tras de mí,
"No saltes", ruegas con loca voz.
Eres demencia,
siempre fue tu esencia.
Sé que no eres tú,
sé que no sigo cuerdo.
Flaquea mi determinación,
eres la locura,
tratando de librarme de las alturas,
pides que te siga,
que me traerás la Luna,
que me quitarás mi cordura
para vivir siempre en mi amargura.
Indecisión frente a mi predisposición,
poco seguro de mi decisión,
me siento acorralado por mi corazón:
"quédate, qué importa la mente,
siempre fui yo más fuerte".
"Entrégate a la amargura
o salta de las alturas",
responde mi mente,
siempre coherente.
Te das la vuelta,
quieres que te siga,
y de amarte me desviva.
Me vuelvo,
tomo aliento
y me dirijo a ti,
a tus abrazos,
a tu locura,
para a un centímetro de ti detenerme,
mirarte de frente y susurrarte que ya es tarde,
que ya no puedes poseerme,
que la cordura es más fuerte.
Corro. Salto. Caigo. Me libero y desangro.