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domingo, 30 de agosto de 2015

No tienes más poder sobre alguien que el que éste te confiere

   Alba estaba acabando de hacer las maletas, lo había pensado muchas veces antes, pero nunca se había atrevido a dar el paso. No obstante, tras la pelea de la noche anterior, no podía demorarlo más. Tenía que irse ya.
   - No te vayas. Por favor, lo hemos hablado muchas veces ya.-Antonio la contemplaba desde la puerta del cuarto, con gesto sombrío. 
   - Es tarde, ¿no lo ves? Esto ya no tiene futuro, has destrozado hasta la última ilusión que tenía por nosotros, por ti, incluso por mí misma. Antonio yo ya no me conozco cuando me miro al espejo. Es hora de que todo esto acabe. No podemos seguir así. Yo no puedo seguir así.
   - Comencemos de nuevo, sabes que ya nada es igual.
   - No, Antonio. Ésto se ha acabado. Acéptalo, no íbamos a llegar a ningún lado.-Sentenció Alba mientras cerraba la maleta con sus efectos personales, haciendo un sordo ruido.
- Por favor, Alba. No todo es tan malo. - Alba se acercó a él, dispuesta a salir de la habitación, pero no se apartó.
   - Sabes de sobra que sí. No es por nada en concreto, Antonio, ¿quieres volver a lo mismo de siempre? Lo hemos hablado ya mil veces, déjame pasar, quiero irme.-Antonio se apartó en silencio.

   Estaba decidida, volvería a casa de sus padres. La relación con Antonio nunca fue más que un cúmulo de peleas día sí y día también. Aún no sabía cómo pudo haberse enamorado de él.
   Salió dándole la espalda y sin intercambiar palabra hacia el pasillo, dirigiéndose a la puerta lo más rápidamente posible. Recorrió con la mirada una última vez a la que había sido su casa desde que empezaron a vivir de alquiler, dos años atrás, y echó mano al picaporte. Cerrado. Instintivamente abrió la puertecita del cofre de madera donde guardaban las llaves. No las encontró tampoco allí, pese a recordar haberlas dejado la noche anterior. Miró en su bolso, nada. De repente, Alba sintió miedo.
   - Antonio, ¿has visto mis llaves?-Preguntó con más valentía de la que en realidad tenía.
   Antonio apareció en el pasillo con el cuchillo que usaban para despedazar la carne, el más grande que tenían en la cocina. Alba intentó echar mano al móvil que tenía en el bolso, pero antes de que se diese cuenta, Antonio la había alcanzado y arrebatado el bolso de las manos.
   - Por favor, Antonio, por favor, ¿qué estás haciendo?-Antonio tenía el cuchillo en el cuello de ésta. Se llevó un dedo a los labios y le pidió que se guardase silencio. Alba comenzó a llorar.
   - Deshaz la maleta y no te haré daño. -Susurró Antonio- Alba, cuando dijimos que nos querríamos siempre, yo no mentí.

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