Todos sabíamos que una vez entrásemos en la cueva,
no habría marcha atrás.
'Tripulación, plieguen velas,
encomiéndense a dios
y prepárense para luchar'
les grité con voz grave y quebrada.
Algunos saltaron por la borda,
unos cuantos problemas menos.
En silencio, nuestro navío se deslizó entre las gélidas paredes de la inmensa e imponente cueva de hielo. Prendimos los candiles del barco e iluminamos nuestras teas mientras oteábamos la oscuridad.
Alguien gritó y el estruendo de un disparo resonó por toda la cueva.
Estábamos muertos.
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