Desenfundo mi pistola,
me preparo para abrir fuego de un momento a otro,
la tripulación corría por cubierta aterrorizada.
Noto como mi corazón se acelera igualmente,
en segundos estaríamos luchando.
De repente la vi junto a Tom, el timonel.
Una mujer de belleza indescriptible asomaba por la barandilla y llamaba a Tom.
El navío golpeó una roca y perdí el equilibrio.
Salí de mi ensimismamiento,
me recompuse y apunté hacia ella:
se había ido y Tom también.
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